No
hay esperanzas en un país dividido y lleno de odio.
No
hay esperanzas en un país donde mueren 40
venezolanos diariamente en manos del hampa.
No
hay esperanzas en un país donde lo que más se exporta son cerebros.
No
hay esperanzas en un país donde no se reconoce el pasado y se pretende cambiar
la historia.
No
hay esperanzas en un país donde se perdió el espíritu de seguir luchando por la
libertad.
No
hay esperanzas en un país donde decir la verdad está mal visto.
No
hay esperanzas en un país donde se ha legalizado la anarquía y el desorden.
No
hay esperanzas en un país donde para el gobierno son prioridad los
‘’camaradas’’ extranjeros por encima del futuro de la nación.
No
hay esperanzas donde los tres principales ‘’dones’’ del gobierno son
cursilería, ignorancia y prepotencia.
Venezuela
se encamina cada vez más a un futuro desalentador, que no deja espacio para el
desarrollo que la población necesita. Apunta a un futuro donde la calidad y
libertad de la educación es escasa, casi nula. Donde es imposible ver salir a
tus hijos o a tus hermanos a la calle sin el miedo de no verlos regresar, donde
la posibilidad de obtener un sueldo digno se ve estrangulada por el constante
aumento de los precios y donde el exigir tus derechos es ignorado o peor aún,
castigado.
Pero ¿En realidad no hay
esperanza?
Para comenzar, hay que partir de
dos premisas fundamentales: el cambio
empieza por uno mismo y el cambio debe ser de sistema, no de presidente o
partido. ¿Qué queremos decir con esto?
¿Tú te comes el semáforo? ¿Tiras
la basura en el suelo? ¿Das los buenos días? ¿Le has pagado a un policía para
evitar una multa? ¿Cedes el puesto en el autobús o el banco? Si haces o dejas
de hacer –dependiendo del caso- algo de esto, estamos comenzando mal. Es
cierto, uno no cambia de sistema político por botar la basura en su lugar, pero
de esta manera aprendemos a convivir, el cambio comienza desde lo más básico,
el ciudadano, uno mismo. Porque ser
ciudadano no es solo exigir tus derechos, si no cumplir con tus deberes, y
los que hemos mencionados son unos pocos, apenas, y de los más simples. Si
todos cumplimos con nuestros deberes podemos tener un mejor país y eso es un
primer paso gigantesco.
Claro está, nada hacemos cambiando
nosotros sin ayudar a los demás a mejorar, tenemos que funcionar como un efecto
dominó, es decir, inspirando a los demás –con humildad- a ser mejores ciudadanos. Ya con hacer esto,
es un primer paso para que todos puedan conocer qué es realmente ser ciudadano
y qué es vivir en democracia y libertad. No
es difícil imaginar un mejor país, lo difícil y doloroso es pensar que hemos
necesitado llegar hasta esta situación para poder abrir los ojos.
Ahora bien, nada hacemos cambiando el presidente, si las instituciones
y los poderes públicos no funcionan, someten a la población, están corrompidos
y no trabajan para el pueblo y tampoco podemos esperar a que llegue un Mesías
que nos vuelva potencia de un día para otro mientras seguimos sentados sin
tomar acciones. No necesitamos estar en el poder para trabajar por el país,
es nuestro derecho –y deber- reclamar lo que es nuestro y no hacer oídos sordos
ante las injusticias del día a día y los atropellos que sufrimos del gobierno.
Tenemos que luchar por un gobierno cuyos principios básicos sean:
educación, justicia y caridad. Con esto se garantizan el disfrute de las
libertades democráticas, (imagina un país en el que puedas cuestionar las
acciones de las instituciones públicas en medios de comunicación sin
convertirte en un perseguido político y sin que te califiquen como ‘’golpista’’
o ‘’apátrida’’) donde todos tengan acceso a una educación digna y libre, y
donde nos veamos como una sola Venezuela y no ‘’opositores’’ y ‘’chavistas’’. Suena utópico, es cierto, pero si de verdad
nos esforzamos en cambiar el país, esta puede ser la realidad. Aclaremos,
no va a ser fácil, ni a corto plazo, pero la
historia nos ha demostrado que la democracia ni los grandes cambios sociales no se construyen de un día para otro. Una
estrategia del gobierno es mantenernos sin esperanzas y pesimistas, no podemos
caer en su juego, pueden controlar la economía, los medios, todos los poderes
públicos, pero hay algo que no pueden
controlar ni comprar: Nuestra conciencia.
Es responsabilidad de todos ser parte del
cambio y no tomar una de las vías fáciles, (volverte un criminal, unirte al
sistema o irte del país) debemos ser distintos y romper los esquemas, todo esto
es posible si cada quien cumple con sus obligaciones, vencemos la apatía y superamos el miedo que nos mantiene esclavizados a
la mediocridad que han insertado en la sociedad venezolana, ligadas a una
animalización progresiva de la sociedad que ha destruido el sistema político,
económico y social y ha sembrado la desconfianza y rencor en los venezolanos.
No es tarea fácil, pero debemos dejar de lado nuestros prejuicios, nuestro
egoísmo para dejar una huella. El país
que quieres puede ser una realidad, todo depende de ti.
Muchas gracias.
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